En esta vida siempre hay un período de aprendizaje y en un bebé todo queda por aprender para llegar a ser adulto. Crecer y desarrollarse tiene algunas consecuencias inevitables y una de ellas es pasar de dormir en una cuna a hacerlo en una cama, un espacio mucho más amplio y sin barreras.

Para ello, los expertos dicen que la edad idónea para esta transición está en los 3 años, aunque hay factores que pueden alterar este cambio y hacerlo más rápido.

La llegada de un hermano u otros motivos pueden ser el detonante, pero en este artículo os hablaremos de los pasos necesarios para realizar una transición satisfactoria y que no haya cambios muy notables para nuestro bebé.

 

Preparando todo a conciencia

La idea de todo esto radica en la necesidad de acostumbrar a nuestro “pequeño” al cambio. Si veis que vuestro hijo intenta saltar la barandilla de la cuna, no hace falta hacer ya el cambio, simplemente baja lo máximo posible el colchón de la cuna, así la barandilla estará más alta y le costará mucho más saltarla.

Si como antes os comentábamos va a llegar otro retoño a casa, hay que asegurarse de realizar el cambio por lo menos ocho semanas antes del nacimiento. La idea es que tu hijo mayor este ya acostumbrando a su nueva cama.

Adaptaros siempre a la necesidad de vuestro hijo, no corráis demasiado y obliguéis a vuestro hijo a dormir en un lugar en el que aún no está acostumbrado.

 

Identificando los problemas

Como en todo puede haber problemas, pero lo fundamental es darse cuenta de que todo tiene un proceso lógico y no porque corramos más nuestro hijo también va a hacerlo. Son pequeños, y para ellos una cama es un espacio sin barreras que puede suponer libertad pero también más riesgos de caídas.

Hablar con él sobre estos temas puede ser realmente beneficioso. Podemos acompañarlo a escoger su nueva cama y decirle palabras positivas para hacerle ver que ya es un niño mayor, haciendo de este momento algo especial de él.

Incluso podremos comprarle unas sábanas nuevas decoradas con sus personajes favoritos para enseñarle que ese cambio es algo muy positivo.

Haciendo estos pequeños gestos podremos conseguir que nuestro hijo no tema por esta nueva situación y se acueste pensando en que es un cambio nuevo pero muy divertido.

 

A tener en cuenta

En este tipo de cambios siempre nos preocupamos como padres acerca de la seguridad de nuestros hijos, pero es importante realizar el cambio de manera paulatina y siempre supervisando los primeros días para ver la reacción de nuestro hijo.

Con paciencia y tranquilidad todo es posible.

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