Desgraciadamente, el hábito de encender un cigarro es una costumbre muy arraigada en nuestra sociedad y  mucha gente es consumidora de grandes cantidades de nicotina.

Quizás el título del artículo sea algo alarmista y provocador, pero intentaremos abordar los peligros que supone que nuestro hijo aspire ese humo de tabaco y de sus consecuencias. Algo bastante serio que merece una concienzuda reflexión.

Momentos para la reflexión más profunda

No es ninguna mentira que el tabaco pertenece al día a día de muchas personas, ya sean adolescentes, padres o personas más mayores. Buena parte de esa implicación se destaca en la gran capacidad que han tenido las marcas de tabaco para seducir a la gente y que esta consuma esos productos con multitud de sustancias tóxicas y aditivas.

Pero todo tiene (o debería) tener un límite. Y es que hablando de la salud de los más pequeños de la casa a veces se nos escapan cosas obvias pero peligrosas y es aquí donde el fumador pasivo va adoptando su rol, incluso siendo un niño pequeño.

Por lo tanto, podemos decir que si en casa se fuma estaremos hablando de que nuestro hijo/a es un fumador pasivo que aspira todo el humo y las sustancias provenientes del tabaco, algo nada beneficioso y máxime teniendo en cuenta la tierna edad de muchos niños cuyas defensas aún no están completamente desarrolladas.

Consecuencias directas

Realmente hay muchas consecuencias nocivas para el fumador pasivo pero vamos a destacar las más importantes para poner en situación la extrema importancia del caso:

  1. El niño que aspira humo provoca que sus defensas disminuyan contra gripes o toses. Incluso puede llegar a desarrollarse bronquitis si la situación continúa agravándose.
  2. Si el niño padece asma sus ataques asmáticos se producirían con más frecuencia y con más gravedad.
  3. Para finalizar, también es destacable subrayar según dicen los expertos que hay mayores probabilidades de sufrir infecciones en los oídos y que sea necesario recurrir a operaciones para aliviar esos dolores.

Son tres puntos a tener muy en cuenta si somos padres. Son claros, concisos y nos permiten deducier que, si fumamos, al menos deberíamos hacerlo sin la presencia del menor, puesto que estaremos provocándole enfermedades cada vez que encendamos un cigarro.

Pensad en un momento que vuestro hijo está aspirando casi 4.000 sustancias tóxicas. Una auténtica barbaridad.

A tener en cuenta

Sin querer ser dogmáticos debemos entender que, por el bien de nuestro hijo, lo más aconsejable sería dejar de fumar. Tanto por él como por nosotros mismos, ya que nos estamos haciendo daño mutuamente.

Se sabe de la dificultad de la misión, pero superarse a sí mismo y ver crecer a nuestros hijos sanos y fuertes debería ser suficiente motivación para hacerlo ahora mismo.

Mejor parar ahora, que no parar cuando la situación empeore o incluso sea irreversible para alguna de las partes.

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